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lunes, 22 de noviembre de 2010

Sinfonía citadina

Franjas multicolores cubren el cielo de este nuevo amanecer, en la copa de un árbol del parque de la ciudad hay un violinista tocando la pieza más hermosa jamás escuchada, acompañado por el ruido de unos en la esquina de una intercepción.

En la cima de un edificio solo se oye la tonada triste de un saxofón, que lleva el ritmo de las lágrimas de un músico que perdió la esperanza en el mundo y desea que su muerte llegue pronto; se escucha la voz de la madre afanosa, les grita a sus hijos porque necesita llegar a tiempo a una reunión del trabajo.

Una señora canta alabanzas al creador, elevando su voz hasta el límite, para competir contra el taladro que retumba de la construcción de la nueva tienda por departamentos de al lado; los obreros vociferando obscenidades a la bella mujer de vestido blanco que pasa frente a ellos.

Las palomas comen migajas de pan lanzadas por ancianos que en los 70s eran grandes estrellas en ascenso del rock; pero que ahora solo se conforman con seguir los acordes de los latidos de su corazón; entre cuentos de glorias pasadas, sexo y buena música se regocijan por las tardes otoño.

Una ciudad, miles de habitantes, millones de historias y un concierto interminable, que es una mezcla del ruido de autos, problemas, dinero, maquinas, personas y algunos animales; gracias ciudad por permitirme ser parte de tu sinfonía.


lunes, 15 de noviembre de 2010

La Senda A La Soledad

Dónde queda la palabra «esperanza», cuando cada latido del corazón pareciera contar en versos cortos una historia de amor llena de melancolía; donde se narra que un día, un hombre conoció un ángel del cual se enamoro, pero en una noche tormentosa, la perdió.

Que oscuro parece nuestro destino, cuando el amor se va; lo peor no es sobrevivir al rompimiento del pacto de amor, sino lograr levantarse a la mañana siguiente. Con el beso frio del amanecer llegan los fantasmas del recuerdo; los pedazos rotos de lo que una vez fue el corazón, descansan silentes en el cementerio que se inauguro en el lado izquierdo del pecho del que una vez estuvo enamorado.

Cuando rompes la urna en la que llevabas la gloria y las lagrimas ya hayan dejado brotar, encontraras que por momentos entras a una fantasía intoxicante de lo que una vez fue y no volverá; la mentira más cruel quizás sea esa que nos dice que todos tenemos un alma gemela.

Si es verdad que todos tenemos a nuestra otra mitad en un lugar en el mundo, quizás eso sea como un juego macabro en el que intentamos encontrar a esa persona que nos completa; yo un alma torturada, merezco a mi lado a otra alma torturada; solo quien conoce la oscuridad puede asomarse a la luz verdadera.

Solo un alma que haya probado lo agridulce del amor y haya sentido morir por él, merece lapidar a la soledad logrando encontrar el verdadero amor y jamás perderlo.