Demonio agreste que conviertes las lagrimas sinceras en lagos repletos de sal, rey de las copas de poetas lúgubres que miran al paisaje nocturno a través de sus ventanas en busca de inspiración, viendo a las luces tenues de la ciudad desvanecerse entre las nubes.
Oh, espíritu bandido que habitas en el vino, llévame a la frontera de la efervescente paz, ayudándote de la nicotina de mi último cigarrillo; entra a mí y posee cada centímetro de mi ser; hazme un tonto esclavo, llévame de la mano hacia el dulce consuelo.
A pesar de que las espinas del recuerdo hayan dejado llagas en mi corazón, pareciera que estas heridas no producen dolor tan solo desesperación; tu sabor agridulce seca la sangre que dejaron las palabras de amor rotas en mi lengua.
Que mis venas se llenen de tu intoxicante ser, espíritu del vino. Hazme abandonar mi cuerpo mortal, llévame a jugar en el cielo a unir estrellas y haciéndole reverencias a la madre luna pediré su consejo; cuando llegue la mañana abandonaras mi ser con dolor, mirare al horizonte y tan solo sonreiré.
Oh, espíritu bandido que habitas en el vino, llévame a la frontera de la efervescente paz, ayudándote de la nicotina de mi último cigarrillo; entra a mí y posee cada centímetro de mi ser; hazme un tonto esclavo, llévame de la mano hacia el dulce consuelo.
A pesar de que las espinas del recuerdo hayan dejado llagas en mi corazón, pareciera que estas heridas no producen dolor tan solo desesperación; tu sabor agridulce seca la sangre que dejaron las palabras de amor rotas en mi lengua.
Que mis venas se llenen de tu intoxicante ser, espíritu del vino. Hazme abandonar mi cuerpo mortal, llévame a jugar en el cielo a unir estrellas y haciéndole reverencias a la madre luna pediré su consejo; cuando llegue la mañana abandonaras mi ser con dolor, mirare al horizonte y tan solo sonreiré.